¿Buscas algo más? 

Estamos solo a un email de distancia.

Noticias del campo

min

Publicado Marzo 2026

Pollastres del Montseny: cuando la producción ética y respetuosa marca la diferencia

Pere es un enamorado de su oficio. Tiene una granja de pollos de corral situada en un entorno privilegiado: las montañas del Montseny. Allí los pollos corren al aire libre, están al sol (o a la sombra), y se alimentan en base a una dieta natural. Para protegerlos de posibles enfermedades, se los trata con medicinas naturales. Sus pollos no conocen los antibióticos, ni tampoco los tratamientos con hormonas. Son pollos de raza Label Rouge, caracterizados por el crecimiento lento, y llegan a pesar entre 5 y 6 kg. Por ello su sabor y su textura tienen personalidad propia. 

Si eres de los que, como yo, habías dejado de comer esta carne porque creías que era misión imposible consumirla con garantías de producción ética, este artículo es para ti. Además, aprenderás muchas cosas sobre el proceso que permite que este alimento tan habitual en las fechas navideñas llegue a nuestras mesas. Pere es de esas personas con las que te quedarías hablando durante horas. En la entrevista que sigue he resumido las partes más destacadas de nuestra conversación.

¿Cómo y cuándo decidiste que querías dedicarte a criar pollos ecológicos? ¿Qué te hizo decidirte por este modelo de producción en lugar de seguir el modelo más extendido de granja avícola industrial?

Desde pequeño tenía claro que quería montar algo propio. Cuando fui creciendo, decidí estudiar un Grado Superior en Ganadería, y lo cierto es que comencé a diseñar y construir mi granja de pollos cuando todavía estaba estudiando: fue mi proyecto de final de grado. 

No hay un motivo exclusivo que me haya hecho decantarme por una granja de corral. Es más bien un conjunto de cosas. En primer lugar, porque no me gustaba (y no me gusta) la idea de tener animales encerrados. Cuando tus animales están en el exterior pueden correr, tomar el sol y, en definitiva, estar en contacto con el medio natural. Yo disfruto estando con los animales y me gusta verlos felices. No se me pasaba por la cabeza elegir un modelo de negocio que los encerrara.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que el modelo industrial es un modelo que empobrece al productor, y que sólo es rentable para compañías con grandes capitales. En ese sector sobrevive aquel que puede permitirse unas instalaciones de última generación. Los otros sencillamente no lo consiguen y se quedan en el camino. Es un modelo en el que para ser rentable debes vender miles y miles de pollos de crecimiento rápido. En el modelo de corral o ecológico, con menos pollos y con mejor calidad de vida para los animales, obtienes una ganancia similar. Si hablas de esta filosofía con productores de pollos industriales les parece absurdo. Yo prefiero un modelo en el que me paguen un precio justo por hacer lo que me gusta y donde se apueste por el bienestar animal. 

¿Cuál es tu opinión respecto al modelo de granja industrial?

Mi opinión fue cambiando a lo largo del tiempo, ya que también el modelo de granja fue cambiando en estas últimas décadas. Si me hubieras hecho esta pregunta 15 años atrás te habría respondido que se trata de prácticas horribles, donde no hay cabida para la dignidad animal. Ahora hay más legislación al respecto, y al menos los pollos ya no están amontonados unos sobre otros sin poder moverse. Ahora bien, las nuevas normativas no impiden que siga habiendo, a mi juicio, demasiados pollos por metro cuadrado, así que en cierta manera siguen estando amontonados y no salen nunca al exterior. Es un modelo que, a mi juicio, está obsoleto y debería reconvertirse.

Muchas veces hay confusión entre los diferentes modelos, el industrial, el del corral, y el ecológico. ¿Podrías explicarnos la diferencia entre los tres?

La diferencia principal entre los tres modelos está en el tipo de instalaciones, la comida, el tiempo de vida y la raza del pollo. En estos cuatro puntos se engloba todo. 

El modelo industrial se caracteriza por unas instalaciones muy extensas. Las granjas industriales pueden llegar a medir 20 metros de ancho por 200 metros de largo, una al costado de la otra. En muchos casos son conjuntos agropecuarios que pueden llegar a tener la misma extensión que un pueblo entero. En estas granjas los pollos no salen nunca al exterior, son alimentados con pienso industrial y se les suministran antibióticos con regularidad para prevenir que enfermen. Los animales tienen entre 32 y 36 días de vida. La densidad de población permitida en una granja, si no recuerdo mal, es de 32 kg por metro cuadrado. 

Es un modelo prácticamente ruinoso para el pequeño productor, en el que se vende un pollo entero por 0,50 céntimos. Este modelo sólo es rentable para grandes empresas y fondos que dedican mucho dinero a investigar cómo aumentar la eficiencia y producir más pollos en menos tiempo (es la llamada AgTech: nuevas tecnologías aplicadas al sector agropecuario). Así es que consiguen que en muy pocos días de vida el pollo obtenga el peso que le toca para poder venderlo. El resultado son pollos con una pechuga y una pata gigantes, pero con huesos muy pequeños, que apenas aguantan el cuerpo del animal. 

Yo hice una prueba una vez, compré pollitos de las razas que se utilizan en el modelo industrial y los crié con el mismo modelo que crío a mis pollos. El resultado fue un animal con malformaciones: el pollo creció, pero no era capaz de moverse, porque sencillamente sus huesos no aguantaban el peso de su cuerpo. Son pollos hechos para comerlos, y nada más. El objetivo es que crezcan rápido, sacrificarlos y venderlos. No importa el sabor, ni la calidad de vida del animal.

El de corral depende más bien de la buena voluntad del productor. En el sector del pollo de corral, has de mirar lo que compras y, lo que para mi es fundamental, conocer y confiar en el productor, ya que no hay una normativa muy clara hasta el momento. 

La legislación, creo recordar, marca que el pollo debe tener al menos 55 días de vida para ser sacrificado y que debe pasar algunos días al aire libre. En cuanto a la alimentación no hay tanto control, si el productor quiere puede suministrarles antibióticos. Este tipo de vaguedades permiten que puedas criar un pollo de corral con el modelo de crecimiento rápido, y que salga al exterior solo cinco días de su vida. Hay grandes compañías que dicen vender pollo de corral y sigue siendo tan artificial como los industriales, siguen siendo pollos muy fibrados y muy grasosos, y eso es porque no han estado mucho tiempo al aire libre. Mi granja es de pollos de corral, no tenemos la certificación ecológica. Pero todo el ciclo de vida de la producción está hecho con mucho mimo, los pollos están al aire libre, no les damos antibióticos, sino medicinas naturales para evitar que enfermen. Miramos que tengan un patio amplio para salir, que tengan hierba, que tengan sombra, que no estén amontonados. Nuestro tiempo de crianza mínimo es de 80 a 100 días, a veces más. 

El ecológico, por último, es el que te da la garantía de que los productores cumplan con la normativa establecida. Tiene un seguimiento, hay inspecciones que controlan las prácticas. La normativa, en este caso, establece que los animales no pueden comer pienso industrial, ni tampoco se les puede suministrar antibióticos, la crianza debe durar un mínimo de 81 días y la raza debe ser de crecimiento lento.

 ¿Qué impacto tiene en la textura y el sabor de la carne, así como en los nutrientes, la crianza de pollos ecológicos o de corral con prácticas de producción éticas como es tu caso? 

Si comparas un pollo criado en nuestra granja con un pollo criado con prácticas industriales, a nivel gustativo y de textura de la carne no tiene nada que ver. Es como comparar peras con manzanas. La carne del pollo criado en granjas industriales suele ser seca, gomosa y dura. Nuestros pollos, en cambio, tienen una carne tierna y muy gustosa. Fíjate que hasta puedes palpar la diferencia cuando sirves una ración en el plato sin haber siquiera probado la carne: el tamaño de la ración supera el plato. Y eso sucede porque es un pollo con huesos grandes y fuertes, proporcionales a la carne que estamos comiendo. 

La carne es tan distinta a la que estamos habituados a asociar con el pollo de supermercado, que muchos clientes al verlo por primera vez llegan a confundir la carne de mis pollos con la de ternera. Parece increíble, pero esto me ha pasado varias veces. Y cuando les aclaro que se trata de carne de pollo se quedan a cuadros, porque les parece increíble que el pollo tenga esta textura y color. Como siempre en estos casos, creo que lo mejor es que las y los consumidores lo prueben para ver las diferencias y juzguen por sí mismos/as.

¿Qué planes tienes para el futuro? ¿Cómo te gustaría que evolucione tu proyecto?

Me considero una persona muy emprendedora: me encanta hacer planes, soñar con nuevos proyectos, pensar en cómo diseñarlos. Desde que comencé con mi granja la he cambiado mil veces. Estoy constantemente en la búsqueda de nuevas formas de mejorar. 

Este año, por ejemplo, estoy a punto de estrenar nuevas instalaciones. Es un proyecto que tenía desde hace muchos años, y hace dos empecé su construcción. Ahora estoy en la fase final y seguramente en dos meses ya podré hacer el traslado. Cuando lo haga, será como hacer realidad un sueño, porque llevo muchos años diseñándolas. Así que, como te imaginarás, verlo realizado para mi es un auténtico logro.

A la par que trabajo en estas nuevas instalaciones, estoy haciendo los trámites para poder realizar yo mismo el sacrificio de los animales en mi explotación. De esta manera no sólo podré ser mucho más eficiente en el proceso, sino que además podré evitar que los animales vivan el estrés que les supone el viaje hasta el matadero, situado a una hora de distancia. Espero que en un año o dos estén los trámites y las licencias aprobadas, y pueda realizar el sacrificio en mis instalaciones. Esto implica que también podré hacer preparados como, por ejemplo, pollo cocinado. Es un paso muy importante. 

Por último, estoy haciendo las gestiones para abrir mi propia tienda. Hace tiempo que le doy vueltas a esta idea y recientemente surgió la posibilidad de adquirir una tienda en traspaso cerca de mi pueblo. Al presentarse esta oportunidad no lo dudé dos veces, ya que es tal y como la había imaginado: una tienda sencilla y pequeña. Pienso especializarla en la venta de pollos de crecimiento lento. Creo que puede tener mucho éxito y me ilusiona la perspectiva de llevarla a cabo.

Trabajas en un entorno privilegiado, en las montañas del Montseny, rodeado de naturaleza y animales. ¿Cómo es tu vínculo con el territorio y, en particular, con los pollos que crías?

Yo nací y me crié en el Montseny, así que para mi este entorno es “casa meva”, no lo experimento como un privilegio. Vivo con naturalidad todos sus ciclos, así como las particularidades del territorio y el clima. 

Respecto a la relación con los animales que crío, es una relación que está atravesada por los ciclos naturales de la vida y la muerte. A estos animales los cuido, los veo crecer, y después los sacrifico, para eventualmente comerlos o venderlos para ser comidos. Para mi es un proceso que forma parte de la vida y por el que me siento agradecido. Por supuesto, en este proceso es fundamental que el animal haya tenido una buena calidad de vida y que en el momento de hacer el sacrificio no sufra. 

A nadie le gusta matar a un animal y yo no soy una excepción. Pero hemos de tener en cuenta que los animales no tienen el concepto de la muerte como el que tenemos los seres humanos. Por ejemplo, en mi granja a diario nos visita un águila que desciende hasta el corral y mata un pollo para alimentarse. Esto es algo que sencillamente sucede, y no puedes evitarlo. El águila normalmente come una parte de un pollo, y cuando tiene suficiente se va. Los demás pollos, que se refugiaron para evitar que el águila los ataque, al ver que ya no hay peligro, salen de sus refugios. En muchas ocasiones se quedan mirando al pollo muerto o incluso lo pican y se lo comen. Es decir, no hay en ellos conciencia de la vida y de la muerte como la que tenemos los seres humanos.

Estamos en medio de una importante crisis social y medioambiental, ¿crees que el modelo de microempresas, como la tuya, y de pequeñas granjas con una fuerte relación con el territorio, serán decisivas en los próximos años para el tan necesario cambio de modelo de consumo?

Creo que las grandes granjas continuarán haciendo lo que hacen. Es un modelo que, probablemente, no desaparecerá nunca. Es posible que intenten absorber nuestro modelo, y tengan diferentes líneas de pollos: los pollos industriales, como los que ahora se consiguen en el súper, y una línea de pollos ecológicos o de corral. Con este planteamiento no sería de extrañar que su estrategia pase por absorber pequeñas granjas familiares. Es una apuesta que ya están haciendo muchas multinacionales, incluso de otros ámbitos, no sólo en el sector avícola.

Ahora bien, lo que sí que tengo claro es que el pequeño productor que quiere vivir de esto la única opción que tiene es hacer venta directa, evitando intermediarios. Una granja pequeña con intermediarios está destinada a morir. Por ello es fundamental en los próximos años que los pequeños productores consigamos consolidar el modelo que nos permita cobrar un precio justo por nuestro trabajo. Si recibimos un precio justo, podemos ejercer nuestra labor con dignidad, disfrutando y estando orgullosos de lo que hacemos. Y, al final, no nos veremos obligados a vender nuestras microempresas a grandes corporaciones. 

Entrevista de Flavia Laurencich, Responsable de la Colmena de Navas – La Inquieta (Barcelona) y de la Colmena Cala Romana – Can Stella (Tarragona)

Written by ¡La Colmena Que Dice Sí!

¡La Colmena Que Dice Sí!

Share this content:

Keep digging ...

Noticias del campo

3 min

El «alemán loco» 40 años después

Si acompañas a Friedrich por su finca cerca de Gibraleón, escucharás sobre todo una cosa: un estruendoso concierto de cantos de pájaros. Pero tras este idilio se esconde una decisión radical contra lo convencional tomada hace tiempo. Hoy cuenta con la certificación Demeter desde 1994 y demuestra que su «locura» es la única respuesta lógica a la crisis de nuestros suelos.Hace 40 años, Friedrich se enamoró de la Finca Jelanisol-Montebello durante una visita a España. En aquel entonces, trabajaba como intermediario de frutas y verduras de producción convencional. Ocurrieron dos cosas que le hicieron reflexionar: Una amiga le regaló un libro sobre permacultura de Bill Mollison que le sirvió de inspiración. Estaba de visita en un campo en Italia y buscaba desesperadamente lombrices en el suelo. Cuando el agricultor le confirmó que no había «porque no hacían falta», Friedrich empezó a reflexionar. Una visión holística: todo está conectadoPara Friedrich, la agricultura no es un proceso aislado, sino parte de un todo. Mantiene una visión muy holística y filosófica del mundo en la que todo —desde el microbioma del suelo hasta el consumidor— está conectado. Para él, su finca no es un simple lugar de producción, sino un organismo vivo en el que el ser humano y la naturaleza coexisten en armonía. Cree que solo puede surgir una sociedad pacífica si producimos en sintonía con la naturaleza. Si lo hacemos bien, hay suficiente para todos; solo no debemos destruir las bases.Uno de los motores más fuertes del trabajo de Friedrich es una profunda preocupación por el estado de nuestra alimentación moderna. Cuenta que muchos de los alimentos que consumimos hoy están «vacíos». Se refiere a productos de la agricultura convencional que, debido a los pesticidas y al largo almacenamiento, ya no poseen ningún valor nutricional significativo. Sigue el principio de «suelo sano = persona sana». Solo un suelo vivo y regenerado puede producir frutos que realmente nutran el cuerpo.Una de las primeras cosas que hizo Friedrich fue crear un gran estanque, no para el riego de la finca, sino única y exclusivamente para los pájaros, ranas, patos y peces. Cuando llueve con fuerza, el agua drena por ahí. Ellos mismos fabrican el abono orgánico mediante microorganismos y suministran minerales a los árboles de forma continua a través del riego por goteo.

Leer

Noticias del campo

5 min

Salvar al níspero de la extinción

Hablamos de un cultivo tradicional que cada vez cuenta con menos adeptos y apoyos; la zona ha pasado de producir 20 millones de kilos en sus mejores años a apenas 7 millones recientemente, y la gran mayoría de parcelas vecinas directamente se están abandonando o transformando en aguacates.Hace poco más de un año, la familia del agricultor Juan Ripoll de finca Camp d’Altea, estaba a punto de abandonar. De manera fortuita, nuestros caminos se cruzaron y, encontrar un modelo que por fin daba sentido y valor a su trabajo, les devolvió de golpe la ilusión de vivir en el campo y a través de él.Paseando por la finca, pudimos charlar, revisar el efecto del viento, el cuajado, el comportamiento de las diferentes variedades y la evolución de las nuevas plantaciones. Lo bonito fue comprobar que los frutos no eran los únicos que estaban cogiendo fuerza; ellos mismos nos recibieron con una energía renovada.Esta familia lleva practicando la agricultura regenerativa toda su vida de forma intuitiva y natural (a día de hoy ya cuentan con su certificación ecológica) y mantienen la firme convicción de que trabajar a favor de la naturaleza y priorizar la salud y el sabor auténtico tiene hoy más sentido que nunca.Injertos de membrillo y balsas de decantación: cómo cultivar nísperos en suelos de yeso y salTodo esto tiene un mérito enorme. Empezando por la exigencia del níspero, ya que requiere una dedicación absoluta y mucha mano de obra: exige una poda constante y cuidadosa para que entre la luz, implica horas a pie de árbol haciendo un minucioso aclareo manual tanto de flor como de fruto, y pide una recolección tremendamente delicada para evitar heridas o marcas en la piel.A esto hay que sumarle que tienen los elementos agronómicos y climáticos bastante en contra. Están en una zona de sequía extrema (en Altea ni siquiera ha llovido durante los temporales que han inundado recientemente el resto de España) y asentados sobre un suelo de yeso muy complejo, marcado por la roca y la sal. Ante esta falta de lluvia, se ven obligados a regar con agua de depuradora, la cual llega con una salinidad altísima, muy por encima de lo que el árbol puede soportar de forma natural.Ver cómo se adaptan o solucionan esto a pie de campo a través de la observación y la experimentación es realmente didáctico. Por ejemplo: riegan desde la capa superior de una gran balsa de decantación para esquivar los sedimentos y mitigar la salinidad; injertaron algunos de los nísperos sobre pies de membrillo (que toleran mucho mejor estas sales actuando como filtro natural); y realizan aportes constantes de estiércol y restos de poda triturados. El resultado salta a la vista: han conseguido dar vida al suelo, albergando una bonita y necesaria flora y fauna auxiliar y reteniendo mucho mejor la humedad.Agricultura regenerativa frente a la precariedad del sistemaEn todo este manejo, los animales son sus grandes aliados. Tienen un rebaño de oveja Guirra (una raza autóctona oficialmente en peligro de extinción, lo que aporta un valor ecológico brutal a la finca) pastando libremente por las parcelas. Ellas hacen de desbrozadoras naturales y fertilizan la tierra de forma constante, excepto cuando el fruto asoma, que toca sacarlas de las parcelas para que no se cobren el trabajo en especie.Sin embargo, mantener este ecosistema vivo hoy en día supone un sacrificio y un coste logístico muy elevado. El tejido rural de su comarca está desapareciendo: apenas queda una quesería, ya no hay agricultores con cuadras para ayudar a gestionar el estiércol, y el matadero municipal cerró hace años, obligándoles a hacer más de 100 kilómetros para encontrar el más cercano.Para más inri, la realidad externa casi se los lleva por delante. Por un lado, su colchón económico tradicional, que era la almendra, se esfumó de un soplo cuando la plaga de la Xylella les obligó a arrancar todos sus árboles de raíz. El golpe definitivo llegó de la mano del sistema: llevaban años entregando su fruta a la cooperativa local, soportando precios abusivos y unas exigencias estéticas irreales, hasta que una gestión deficiente y corrupta hizo quebrar la entidad. Se encontraron de la noche a la mañana con la cosecha entregada, sin cobrar y una situación financiera crítica.Tras años de precios abusivos y una gestión que les dio la espalda, encontrar en CrowdFarming un modelo vuelva a darle sentido y valor real a su trabajo les ha devuelto la ilusión por vivir en el campo y a través de él. 

Leer

Noticias del campo

2 min

La ciencia detrás de la dulzura

Tenemos a Antonio de «Sicilian Passion» en Sicilia. En una región tradicionalmente conocida por sus cítricos, Antonio decidió tomar un camino diferente hace varios años: cultiva fruta de la pasión (¡e incluso papayas!). Una parte crucial de nuestra colaboración consiste en determinar con precisión el momento de la cosecha. Nuestros equipos miden el contenido de azúcar directamente en el campo. Con un refractómetro, se determina el valor Brix para garantizar que la fruta haya alcanzado la madurez fisiológica necesaria y haya desarrollado todo su perfil aromático. La cosecha solo comienza una vez alcanzados estos umbrales. En el vídeo a continuación, pueden ver a nuestro compañero Angelo tomando estas mediciones. Es muy divertido, porque literalmente estás mirando hacia el futuro. Características de maduración y etimologíaUn rasgo de calidad importante de la maracuyá es el estado de su cáscara. A diferencia de muchas variedades de fruta, aquí se aplica lo siguiente: cuanto más pronunciadas sean las arrugas de la fruta, mayor será el contenido de azúcar. Debido a la ligera evaporación durante el proceso de maduración, el azúcar de la fruta se concentra en el interior, mientras que la acidez disminuye sutilmente. Hay dos cosechas al año: una en los meses de invierno y otra en los de verano. Especialmente en verano, los frutos están más «arrugados», ya que el líquido se evapora más rápido por el calor. ¿Sabías que el nombre de “fruta de la pasión” deriva de la iconografía cristiana? Los misioneros españoles del siglo XVI interpretaron la compleja estructura de la flor como símbolos de la Pasión de Cristo. Los filamentos de la flor se asociaron con la corona de espinas, los tres estigmas con los clavos de la cruz y los cinco estambres con las llagas. En la galería encontrarás una imagen en la que se puede apreciar muy bien.

Leer