
Publicado Marzo 2026
Viva el Campo: Aprendiendo desde las raíces
La tierra sigue siendo nuestra mejor aula. Hace más de un año, lanzamos nuestra iniciativa 1% por el Suelo con un objetivo claro: regenerar 10.000 hectáreas de suelo y reinvertir en proyectos que generen un impacto duradero, no solo en los campos, sino también en la mentalidad de las futuras generaciones.
Cada seis meses, nos reunimos con nuestra comunidad para presentar nuestros avances y nuestro presupuesto, y una vez al año, votamos en qué iniciativas queremos invertir para el próximo semestre. De entre las diferentes iniciativas, nuestra comunidad votó por «Viva el Campo», organizada por la finca La Junquera en el área de Camp Altiplano (Campamentos de Restauración de Ecosistemas), como uno de los proyectos a apoyar este año. Es una iniciativa que refleja el verdadero significado de la regeneración: transmitir conocimientos, reconectar a las personas con la tierra e inspirar a las mentes jóvenes a ver el suelo como el fundamento vivo de la vida. Es un programa educativo que saca a los estudiantes del aula y los lleva al campo para aprender sobre el suelo, la biodiversidad, el agua y también el origen y el futuro de los alimentos. Jacobo, responsable del programa, nos cuenta que en muchas zonas rurales de España, incluida la Región de Murcia, los jóvenes suelen crecer sin haber pisado nunca una granja. Pueden aprender sobre el cambio climático, la fotosíntesis o la erosión del suelo en los libros de texto, pero pocos han tenido la oportunidad de tocar un puñado de tierra, identificar lombrices o ver de primera mano cómo el clima y la escasez de agua afectan a los cultivos. Las escuelas a menudo carecen del tiempo, la financiación y la infraestructura necesarios para organizar actividades de aprendizaje al aire libre. A los profesores les encantaría mostrar a sus alumnos cómo es la tierra viva, pero no existen programas estructurados, ni granjas cercanas que puedan acogerlos, ni espacio en el currículo. Como resultado, el campo sigue siendo algo lejano, algo de lo que leen, no algo con lo que se sienten identificados.

Cada año, estudiantes de secundaria de entre 12 y 16 años dejan atrás las pizarras y pantallas de la vida escolar cotidiana y se dirigen a granjas locales en España. Allí, se convierten en investigadores y observadores. A lo largo de una semana, exploran cómo se producen los alimentos y cómo la agricultura se relaciona con desafíos más amplios como la escasez de agua, la degradación del suelo y el cambio climático. Cada día tiene su propia temática, desde el suelo que pisamos hasta la biodiversidad que lo sustenta. Los estudiantes recogen muestras de suelo, identifican plantas e insectos, miden la infiltración de agua y registran sus observaciones en cuadernos de campo. Descubren las relaciones entre agricultores y ecosistemas, entre las decisiones humanas y sus consecuencias ambientales, entre el campo y la mesa.
En el corazón de Viva el Campo se encuentra un mini programa de investigación. Cada grupo de estudiantes desarrolla un pequeño experimento práctico: comparar la retención de humedad de suelos con y sin cubierta vegetal, observar la biodiversidad en diferentes hábitats o probar cómo las prácticas regenerativas influyen en la absorción de agua. Guiados por agricultores de La Junquera y educadores como Jacobo, recogen datos, analizan resultados y comparten sus hallazgos al final de la semana. El experimento se lleva a cabo en tres parcelas con diferentes métodos de manejo: no intervención, regenerativo y convencional versus orgánico. Los estudiantes recolectan muestras de suelo con barrenas y palas, y analizan indicadores como el pH, la humedad, los nutrientes (NPK) y la actividad microbiana. También utilizan técnicas como trampas para invertebrados, pruebas de infiltración, cultivos de microorganismos, mediciones de respiración del suelo y análisis de biomasa. Los datos se analizan y comparan en clase, donde los estudiantes elaboran un breve informe científico. En él, presentan sus conclusiones, explican el proceso de investigación y reflexionan sobre el impacto de las prácticas agrícolas en la salud del suelo. Este ejercicio fortalece sus habilidades científicas y les permite comunicar los resultados obtenidos en el campo de manera rigurosa y accesible.

Uno de los mayores desafíos que enfrenta la agricultura europea hoy en día es la falta de relevo generacional. Muchas explotaciones agrícolas corren el riesgo de cerrar, no solo por las condiciones climáticas cada vez más adversas, sino también porque no hay quien se haga cargo. Cada vez menos jóvenes optan por la agricultura, a menudo simplemente porque siempre se les ha inculcado una imagen negativa de lo que implica trabajar en este sector. Ser agricultor ha perdido prestigio con el tiempo; se percibe como un trabajo agotador con escasa recompensa económica. Esta percepción aleja a los jóvenes del campo y de una profesión que, en realidad, es una de las más vitales para nuestro futuro colectivo.
Jacobo nos cuenta que los niños y adolescentes que antes veían el campo como algo lejano ahora lo consideran esencial y que a menudo desean regresar a la granja para ayudar y aprender. Jacobo explica que siempre comienza el curso preguntando a los jóvenes quién querría ser agricultor, y que normalmente nadie levanta la mano. Antes de que los jóvenes suban al autobús de regreso a Murcia, repite la pregunta, y en la mayoría de los casos, dos o tres jóvenes levantan la mano. Observan cómo el suelo se convierte en alimento, cómo se almacena el agua en el suelo vivo y cómo el equilibrio de la naturaleza depende de la cooperación.
Written by Magdalena Werner
I'm Magdalena, a Farmer Ambassador. I've been working at CrowdFarming for eight years, and after seven years in customer service, I'm now part of the sustainability and awareness team, sharing the farmers' stories and taking you on a journey through their daily lives in the fields.


